No toda ansiedad se explica ni se trata de la misma manera.

La ansiedad forma parte de la experiencia humana. Sentir preocupación antes de una situación importante, experimentar nervios ante un cambio o permanecer alerta frente a una posible amenaza puede ser una respuesta normal y adaptativa.
El problema aparece cuando la ansiedad se vuelve intensa, persistente o desproporcionada respecto a la situación; cuando comienza a interferir con el trabajo, los estudios, las relaciones, el descanso o las actividades cotidianas; o cuando lleva a evitar situaciones que anteriormente formaban parte de la vida de la persona.
Los trastornos de ansiedad comprenden diferentes condiciones clínicas, entre ellas el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, la ansiedad social y las fobias específicas. Aunque comparten algunas características, no son iguales y requieren una valoración individualizada (American Psychiatric Association, 2022).
Por esta razón, hablar de "la terapia para la ansiedad" como si existiera una única intervención puede resultar simplificador. La forma de comprender y tratar la ansiedad puede variar dependiendo del problema específico, las características de la persona, sus objetivos y el enfoque psicoterapéutico utilizado.
¿Qué puede causar la ansiedad?
La ansiedad no suele tener una única causa. Su aparición puede estar relacionada con una combinación de factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales y ambientales.
Factores biológicos
Existe evidencia de que los factores genéticos y neurobiológicos pueden contribuir a la vulnerabilidad frente a los trastornos de ansiedad. Esto no significa que una persona esté destinada a desarrollar ansiedad, sino que determinadas características biológicas pueden interactuar con las experiencias de vida y otros factores de riesgo.
También pueden influir condiciones médicas, consumo de determinadas sustancias, alteraciones del sueño y otros factores fisiológicos. Por ello, cuando los síntomas aparecen de manera intensa, repentina o diferente a lo habitual, es importante considerar una evaluación profesional integral.
Experiencias y acontecimientos de vida
Situaciones de estrés sostenido, pérdidas, conflictos, cambios importantes, dificultades económicas, problemas laborales o académicos y experiencias adversas pueden incrementar el riesgo de desarrollar síntomas de ansiedad.
Una revisión sistemática de estudios de cohorte encontró asociaciones entre determinados factores psicosociales, como acontecimientos estresantes durante la infancia y la adultez, y el desarrollo posterior de trastorno de ansiedad generalizada o trastorno de pánico (Bandelow et al., 2015).
Sin embargo, experimentar estrés no significa necesariamente desarrollar un trastorno de ansiedad. La respuesta depende de múltiples factores y de la interacción entre vulnerabilidades individuales y circunstancias ambientales.
Pensamientos y patrones de comportamiento
La manera en que interpretamos determinadas situaciones también puede contribuir al mantenimiento de la ansiedad.
Por ejemplo, una persona puede interpretar una sensación corporal normal como una señal de peligro, anticipar constantemente resultados negativos o sobreestimar la probabilidad de que ocurra algo malo.
A esto pueden sumarse conductas de evitación. Evitar aquello que genera ansiedad puede producir alivio inmediato, pero en algunos casos también puede impedir que la persona compruebe que es capaz de afrontar la situación o que aquello que teme no necesariamente ocurre.
Este ciclo entre pensamientos, emociones y conductas constituye uno de los elementos centrales que se trabajan desde la terapia cognitivo-conductual.
¿Por qué la ansiedad puede mantenerse?
Comprender el origen de la ansiedad es importante, pero también lo es identificar qué factores la mantienen actualmente.
Una persona puede haber desarrollado ansiedad después de una experiencia determinada, pero con el paso del tiempo pueden incorporarse preocupación constante, evitación, búsqueda excesiva de seguridad, dificultades para tolerar la incertidumbre o interpretaciones amenazantes de determinadas situaciones.
Por ello, una valoración psicológica no debería limitarse a preguntar "¿qué te pasó?", sino también explorar:
¿Qué situaciones desencadenan la ansiedad?
¿Qué pensamientos aparecen?
¿Qué emociones y sensaciones físicas se presentan?
¿Qué hace la persona cuando se siente ansiosa?
¿Qué situaciones está evitando?
¿Cómo afecta la ansiedad a su vida cotidiana?
¿Qué factores pueden estar manteniendo el problema?
¿Qué objetivos tiene la persona para el tratamiento?
Estas preguntas permiten construir una comprensión individualizada del caso.


Comments